El evangelista más ferviente del infierno - 19/4/2026 - #1400

Episode 425  ·  Apr 19, 10:15 PM
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Pastor José Luis Cinalli
19/4/2026
El evangelista más ferviente del infierno

“Hay un gran abismo entre nosotros y ustedes…”, Lucas 16:26 (RVC).

Existe una frontera espiritual que la oscuridad no puede cruzar: la santidad de Dios. Imagina dos cumbres separadas por un vacío infinito. En una reina la Luz; en la otra, la Oscuridad. Mientras permanezcas en la montaña de Dios, estás fuera del alcance del enemigo, 1ª Juan 5:18. Él puede rugir desde la otra orilla, pero no puede tocarte. El problema ocurre cuando desobedecemos. Cada pecado consentido actúa como una tabla de madera que colocamos sobre ese abismo, Efesios 4:27. Sin darnos cuenta, construimos un puente por donde el enemigo camina tranquilamente hacia nosotros, Génesis 4:7. La guerra espiritual no consiste en pelear contra quien cruza, sino de demoler el puente mediante el arrepentimiento, Colosenses 2:14-15. Si quitas el pecado, el enemigo se queda sin acceso. Sin puente, el abismo deja de ser una amenaza y vuelve a ser tu mayor protección.

Muchos confunden la autoridad espiritual con la fuerza bruta, pero la autoridad es representación. Un embajador en tierras extranjeras no necesita músculos ni un ejército personal; es un hombre común que representa a una nación entera. Quien toca al embajador desafía al gobierno que lo envió. El embajador no pelea con sus puños, pelea con su credencial, 2ª Corintios 5:20. Así como el arcángel Miguel no usó su fuerza cuando disputaba por el cuerpo de Moisés, sino que mostró su “credencial del Reino” diciendo: “El Señor te reprenda” (Judas 1:9), tú no peleas con tus puños, sino con tu posición en Cristo. Graba esto en tu corazón: el diablo no te teme a ti, teme a quien te respalda. Tu autoridad no se mide por el volumen de tus gritos, sino por la profundidad de tu sujeción a Dios. Si caminas bajo Su gobierno, no necesitas fuerza bruta. Solo necesitas pararte en tu posición legal y recordarle al usurpador que ya no tiene permiso para cruzar el abismo.

No mires al diablo, mira tu puente. ¿Qué tablas has puesto sobre el abismo?  Quizás es la falta de perdón, el orgullo o un hábito impuro. El enemigo rara vez invade por la fuerza; casi siempre usa el camino que nosotros le construimos. Identifica esa área donde el enemigo tiene ‘permiso’ para atormentarte, luego mediante el arrepentimiento derriba el puente, 1ª Juan 1:9. Si quitas el pecado, el enemigo se queda gritando desde la otra orilla, pero sin ninguna forma de tocar tu vida. ¡Demuele el puente hoy y recupera tu paz!

El infierno comienza con un recuerdo

La primera cosa que el hombre rico escuchó en el infierno fue una invitación al tormento: “Hijo, acuérdate…”, Lucas 16:25. Su mayor tormento no fue solo el fuego, sino su memoria. Imagínate una pantalla gigante que no puedes apagar, mostrándote todas las veces que ignoraste a Dios o a los que necesitaban ayuda. Eso fue lo que vivió el hombre rico: En un instante, recordó cada advertencia ignorada, cada Lázaro a su puerta y cada banquete que priorizó por encima de Dios.

El infierno es, en el fondo, una conciencia que despierta cuando ya es tarde. Es el peso de saber que tuviste la verdad frente a tus ojos y decidiste darle la espalda. Allí, donde ya no existe el perdón de Dios los recuerdos se vuelven tus peores enemigos. Pero hoy todavía estás a tiempo. El sacrificio de Cristo no solo te perdona, sino que puede ‘borrar ese video’ de tu vida y darte una historia nueva: “… Sepultarás nuestras iniquidades, y arrojarás al mar profundo todos nuestros pecados”, Miqueas 7:19 (RVC). No esperes a que el recuerdo sea tu única compañía. Busca a Dios hoy, mientras la puerta sigue abierta.

El intercesor del abismo

Lo trágico de esta historia es que el hombre rico se convirtió en un intercesor apasionado, ¡pero demasiado tarde! “Te ruego... que mandes a Lázaro a la casa de mi padre... para que les testifique”, Lucas 16:27-28. Es una ironía aterradora: el infierno está lleno de personas que ahora creen en el poder de la oración y valoran la Biblia, pero que perdieron su capacidad de influir. El rico recuperó su pasión, pero perdió su jurisdicción.

La intercesión no es solo un sentimiento de amor; es un poder legal delegado por Dios que tiene fecha de vencimiento. Tu capacidad para cambiar el destino de tu familia expira con tu último suspiro. Una vez que cruzas el abismo, tu oración deja de ser un arma y se convierte en un eco de remordimiento. La intercesión es un privilegio de los vivos; es hoy cuando tienes acceso legal al Trono de la Gracia para pelear por los tuyos, Hebreos 4:16.

La guerra espiritual es ‘hoy o nunca’. El enemigo no teme lo que harías en el futuro; teme lo que hagas hoy con tu autoridad de hijo de Dios. No esperes a ver a tus seres queridos desde el otro lado del abismo para lamentar no haber luchado por ellos. Hoy tienes la credencial en la mano. No le pidas ‘por favor’ al enemigo; ejerce tu jurisdicción y reclama lo que Dios te ha dado. ¡No seas un evangelista en el infierno; sé un guerrero en la tierra! Tu autoridad no es eterna, es para el ahora. Úsala antes de que el tiempo cierre el libro.

El peligro de no hacer nada

A veces pensamos que para ir al infierno hay que cometer crímenes terribles, pero el pecado del hombre rico fue algo más sutil: la indiferencia. Él no odiaba a Lázaro; simplemente no le importaba. Estaba tan cómodo con su comida y sus lujos que se olvidó de Dios y del prójimo. La indiferencia es una forma de orgullo. Es como decirle a Dios: “No te necesito”. La autoridad espiritual fluye por la compasión, no por la posición. Cuando nos cerramos al dolor de los demás, perdemos nuestra conexión con Dios. El rico se convirtió en su propio dios y su vida giraba solo en torno a él.

Pregúntate hoy: ¿A quién estoy ignorando por mi propia comodidad? Puede ser un familiar que necesita a Dios o un amigo herido. Recuerda que Dios no nos juzgará solo por lo malo que hicimos, sino también por lo bueno que dejamos de hacer. ¡Para tener el corazón de Dios, tenemos que aprender a sentir compasión por los demás!

Conclusión. ¿Qué tabla has puesto sobre el abismo?  A veces es el rencor, una mentira o el orgullo. El enemigo no entra a la fuerza; entra por los puentes que nosotros mismos construimos. Hoy es el día para romper ese puente. El arrepentimiento es tu mejor herramienta: cuando confiesas la falta ante Dios, le quitas al enemigo el derecho legal de molestarte. Sin pecado, él no tiene dónde apoyarse. Cuando el puente cae, el abismo vuelve a ser tu mejor aliado: una separación santa que el usurpador no puede cruzar. Si sientes que el enemigo te atormenta, no necesitas gritar más fuerte, necesitas revisar tus puentes. El enemigo solo ataca si tiene por dónde pasar. Corta hoy mismo ese vínculo con el pasado y con la tentación. La verdadera libertad no es la ausencia de enemigos, sino la ausencia de caminos para que ellos lleguen a ti. ¡Mantente firme en Dios y deja que Su santidad sea tu muralla invencible!

Oración. “Señor, hoy mi memoria se rinde ante tu verdad. Te pido perdón por cada 'Lázaro' que ignoré y por cada vez que mi comodidad anestesió mi espíritu. Gracias porque hoy mi pantalla todavía puede ser limpiada por tu sangre. En el nombre de Jesús, demuelo todo puente que le construí al enemigo. Renuncio a la indiferencia, al orgullo y al pecado oculto. Le quito al diablo todo 'derecho de suelo' sobre mi mente, mi casa y mi familia. ¡Se rompe el contrato con la oscuridad! Activo mi jurisdicción de hijo. No esperaré al abismo para clamar por los míos; hoy levanto mi voz por los que están perdidos, creyendo que tu gracia todavía los puede alcanzar. Me levanto como un guerrero en la tierra, sabiendo que mi autoridad es oportuna y poderosa en ti. ¡Amén!”.